El destino nos unió
Nuestro Primer Encuentro
En un parqueo nos encontramos,
celebrando mi cumpleaños,
en marzo de dos mil veintitrés,
las miradas se cruzaron,
y supimos que algo mágico empezaba a florecer.
Una historia de amor, hermosa y sincera,
con la Luna de Xelajú como fiel testigo,
el universo conspirando a nuestro favor,
y la bondad de Dios iluminando nuestro camino,
ese encuentro no fue casualidad,
sino el inicio de lo eterno,
una conexión tan profunda,
que jamás querríamos, ni podríamos,
separarnos.
Promesa a la luz de las velas
Un instante mágico, que coincidió con el destino,
una tenue luz brillante marcaba el camino,
un saxofón suave que nos invita a soñar
una cena deliciosa, y el vino no podía faltar,
Como broche sublime, un anillo en el dedo,
sellando un compromiso y un futuro sin miedo.
Ese día decidimos juntos avanzar,
eligiéndonos para la vida, listos para amar.
Con palabras que fluyen, un eco sincero:
“Te elijo hoy, por siempre, mi anhelo eterno.”
Entregamos nuestros corazones, sin dudar,
unidos por siempre, hasta la eternidad.
Dijimos sí al amor
Algo extraordinario a la propuesta marcó,
un compromiso sincero,
volvimos al lugar donde todo comenzó,
cargado de recuerdos y de significado.
Nuestro mayor anhelo era compartir,
ese instante con nuestros padres,
quienes, como testigos de nuestro amor,
se convirtieron en nuestra mayor inspiración,
y el ejemplo vivo del matrimonio que soñamos construir.
En una cava al estilo español,
rodeados de encanto y solemnidad,
y bajo la mayor de las bendiciones,
dijimos ‘sí’ a nuestro amor,
reafirmando nuestra decisión
de caminar juntos por siempre.